lunes, 16 de julio de 2007

Ni buen viento, ni buen casamiento

De Espanha, nem bom vento, nem bom casamento. Este refrán es de las primeras cosas que oirá un español de un portugués para explicar, medio en serio medio en broma, la percepción que se tiene en Portugal se esa gente prepotente, que habla a gritos y que sólo conoce su país por sus exportaciones de toallas. Y sin embargo la idea de una unión entre los dos paises va calando entre los portugueses. Primero fue la encuesta que el semanario Sol publicó en septiembre, en la que se afirmaba que el 28 por ciento de los portugueses estaría dispuesto a formar un sólo país con España, y ahora la entrevista de José Saramago en el Diário de Notícias en la que 'profetiza' esa Unión Ibérica. Progresivamente, la cuestión se ve como una hipótesis no tan descabellada.

Portugal es un país que vive permanentemente traumatizado y obsesionado con una invasión española, sea política, cultural o económica, y que no alcanza a comprender como, partiendo de una situación parecida hace treinta años, España ha progresado mucho más. Desde hace varios años, especialmente con la apertura del primer Corte Inglés en Lisboa, uno de los principales temas de debate entre los portugueses es la irrupción de las empresas españolas, mucho más prosperas que las de su propio país, estancado a todos los niveles. Por eso muchos portugueses perciben a España como el puente hacia la prosperidad y la modernidad (de hecho, a principios de siglo, cuando Ortega y Gasset defendía la europeización de España, al otro lado de la frontera los intelectuales defendían la españolización de Portugal. Así les ha ido). En España, Portugal no se percibe de ninguna forma porque es como si no existiera.

De todas formas, desde aquí suscribo la idea de Saramago. Y, aunque probablemente yo no la vea: ¡Viva la Unión Ibérica!

1 comentario:

Eduardo dijo...

Vamos, Kapillosky, me parece cojonudo tu blog, sólo espero que lo vayas alimentando poco a poco.